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Tropas
de la ONU en Haití acusadas de violar derechos humanos
Maria
Luisa Mendonça
El
15 de octubre de 2007, el Consejo
de Seguridad de la ONU decidió extender el mandato de la
Misión de
Estabilización de Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH), hasta
al 15 de octubre
de 2008. En nota divulgada el 16 de octubre de 2007, el
Ministerio
de Relaciones Exteriores afirma que, “el gobierno brasileño
recibió,
con satisfacción, la decisión”. El ejército brasileño
tiene la función
de coordinar las fuerzas de la MINUSTAH, compuesta por cerca
de nueve
mil soldados. Sin embargo, hay poco debate en la sociedad
brasileña
sobre el papel de Brasil en la ocupación de Haití y, sobre
todo,
sobre las denuncias de participación de las tropas de la ONU
en violaciones
de derechos humanos.
Uno de los
casos documentados por organizaciones haitianas de derechos
humanos
es la masacre ocurrida el 22 de diciembre de 2006 en la
comunidad
de Cité Soleil, luego de una manifestación de cerca de diez
mil
personas que demandaban el retorno del ex presidente
Jean-Bertrand Aristide
al país y la salida de los efectivos militares extranjeros.
Según
relatos de la población local e imágenes de vídeos
producidos por la
organización Haiti Information Project – HIP (Proyecto de
Información de
Haití), las fuerzas de la ONU atacaron a la comunidad y
mataron a cerca
de 30 personas, incluyendo a mujeres y niños.
En respuesta
a las críticas de las organizaciones de derechos humanos
que
denunciaron la masacre, la MINUSTAH justificó sus acciones
con el pretexto
de combatir supuestas pandillas en Cité Soleil. Sin embargo,
las
imágenes grabadas por HIP revelaron que las tropas de la ONU
dispararon
desde helicópteros contra civiles desarmados. La agencia de
noticias
Inter Press Service (IPS) documentó la situación de la
comunidad
justo después del ataque y registró marcas de balas de
grueso calibre
en muchas casas. El director de HIP, Kevin Pina, acusa a la
MINUSTAH
de actuar en conjunto con la Policía Nacional Haitiana en
ejecuciones
sumarias y encarcelamientos arbitrarios y señala que, “en
este
contexto, es difícil continuar viendo a la misión de la ONU
como una
fuerza independiente y neutral en Haití”.
En entrevista
con la periodista Claudia Korol para la agencia Adital,
Camille
Chalmers, profesor de la Universidad de Haití y miembro de la
Plataforma
Haitiana para la Articulación de Movimientos Sociales,
explicó
que: “la MINUSTAH intentó construir legitimidad diciendo
que está
luchando contra bandoleros. Pero mucha gente percibe que la
única cosa
que puede realmente reducir la inseguridad son políticas
públicas y servicios
sociales. Al contrario, lo que tenemos (ahora) es un aparato
militar
violento”. Otra operación militar violenta ocurrió en
julio de 2005.
En esta ocasión, se registraron 22 mil huellas de tiros,
durante un
ataque de la MINUSTAH a Cité Soleil. Los informes de HIP
citan denuncias
de habitantes que dijeron que se encontraron a personas
muertas
y heridas dentro de sus casas. Estas declaraciones revelan que
los
soldados dispararon indiscriminadamente contra la comunidad,
causando
un efecto devastador, ya que las condiciones de las viviendas
en
el poblado son extremadamente precarias. Denunciaron además
que la MINUSTAH
no permitió la entrada de la Cruz Roja, violando la
Convención de
Ginebra.
Documentos
confidenciales del gobierno de Estados Unidos, obtenidos por
organizaciones
de derechos humanos a través de una demanda judicial
basada
en la Ley de Libertad de Información, demuestran que la
embajada estadounidense
sabía que las tropas de la ONU planeaban un ataque a Cité
Soleil.
Organizaciones sociales locales consideraron que el objetivo
de los
militares era impedir una manifestación popular en el día
del cumpleaños
de Aristide, el 15 de julio.
Un informe
elaborado por Project Censored (Proyecto Censurado) estima
que
más de mil miembros de Lavalas, partidarios del ex presidente
Jean-Bertrand
Aristide, fueron apresados y cerca de ocho mil personas
asesinadas
durante el llamado “gobierno interino”, que controló el
país de
2004 a 2006, a partir del golpe contra Aristide, el 29 de
febrero de 2004.
Camille Chalmers caracteriza esta acción como una “intervención
liderada
por los gobiernos de Estados Unidos y de Francia”. Y agrega
que,
“solidaridad con el pueblo de Haití es ayudar a reconstruir
el país,
responder a los problemas sociales más angustiosos, pero la
presencia
de los militares no ayuda a esto. Los objetivos de alcanzar la
seguridad
y los derechos humanos no han sido alcanzados. Al contrario,
pensamos
que la presencia de la MINUSTAH constituye una violación del
derecho
a la autodeterminación del pueblo de Haití”.
Más
recientemente, el 2 de febrero de 2007, las tropas de la ONU
emprendieron
otra operación en Cité Soleil, que culminó con la muerte de
dos
jóvenes que dormían en sus casas. El 7 de febrero, diversas
manifestaciones
populares se desarrollaron en el país y, el 9 de
febrero,
hubo otro ataque militar en aquella comunidad, hecho que fue
denunciado
por organizaciones locales, como el Instituto para la
Justicia
y la Democracia de Haití (IJDH).
El 30 de
octubre de 2007, se denunció el secuestro de la Dra. Maryse
Narcisse,
que pertenece a la dirección nacional de Lavalas y trabajaba
con
programas sociales de salud y educación en Haití. Otro
miembro de Lavalas,
el psicólogo y defensor de los derechos humanos, Lovinsky
Pierre-Antoine,
desapareció el 12 de agosto. Organizaciones locales
acusan
a las tropas de ocupación de la ONU de generar inestabilidad
política
y atacar a defensores de la democracia y de los derechos
humanos
en el país.
Entre los
días 23 de junio y 3 de julio de 2007, la Federación de
Abogados
de Brasil (OAB, por sus siglas en portugués) realizó una
misión de
observación en Haití y constató que la MINUSTAH ejerce un
papel “violento”
y “opresor”, que no puede ser caracterizado como “acción
humanitaria".
El abogado Aderson Bussinger Carvalho, responsable del
informe,
demandó la retirada de las tropas brasileñas de Haití.
"La conclusión
a que yo llegué es que la presencia de las tropas en Haití
no es
humanitaria. Es una misión estrictamente militar. El país
tiene una historia
de ocupaciones y Brasil acaba jugando un papel en esa
historia",
afirmó Carvalho en entrevista con el periódico Folha de São
Paulo,
el 4 de septiembre de 2007.
El papel de
los militares latinoamericanos en Haití hoy es semejante a
la
fuerza multilateral que permaneció en la República
Dominicana tras de la
invasión de Estados Unidos en 1965. República Dominicana
vivió un largo
periodo de dictadura militar hasta 1961, año de la muerte del
dictador
Rafael Trujillo. En 1962, Juan Bosch fue elegido presidente,
pero
fue depuesto por un golpe militar tras siete meses de gobierno.
En abril
de 1965, una serie de manifestaciones populares pidió el
retorno del
ex presidente Juan Bosch. Fue en este periodo que el
presidente de Estados
Unidos, Lyndon Johnson, ordenó una invasión militar a la
República
Dominicana, con cerca de 20.000 marines. Algunas semanas
después,
la Organización de Estados Americanos (OEA), envió la “Fuerza
Interamericana
de Paz", compuesta por 1.129 soldados. En aquel periodo,
cuando
Brasil vivía bajo una dictadura militar, la función de las
tropas brasileñas
en República Dominicana era semejante a la que ejercen
actualmente
en Haití.
Las denuncias
sobre el papel negativo que las tropas de la ONU ejercen
en
Haití no son tomadas en cuenta por el gobierno brasileño.
Bajo el pretexto
de conseguir un puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU (lo
que
es improbable actualmente), la política brasileña en
relación a Haití
sirve para legitimar un golpe de Estado y reforzar los
intereses del
gobierno de Estados Unidos en la región. (Traducción ALAI)
-- Maria
Luisa Mendonça es periodista y coordinadora de la Red Social
de Justicia
y Derechos Humanos
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