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La
hora de La Vía Campesina
Peter
Rosset
A escala
mundial parece que ya llegó la hora de La Vía Campesina
Internacional. Por más de 10 años la alianza global de las
organizaciones campesinas ha estado construyendo una
propuesta alternativa para los sistemas alimentarios de los
países, la soberanía alimentaria. El año pasado se
constató en el Foro Mundial de la Soberanía Alimentaria,
realizado en Malí, que este debate ha venido ganando
terreno con otros movimientos sociales, como los de los
pueblos indígenas, las mujeres, los consumidores, los
ambientalistas, algunos sindicatos, y otros. Pero a nivel de
gobiernos y organismos internacionales, había llegado a oídos
más o menos sordos. Pero ahora no. La crisis mundial de los
precios de los alimentos, que ya ha provocando motines en
diversos países de Asia, África y América, está haciendo
que todos coloquen atención en este tema.
¿Cuáles son las causas de las alzas extremas de los
precios? Hay causas de largo plazo y causas de corto plazo.
En cuanto al primero, se destacan los efectos de tres décadas
de políticas neoliberales y de comercio libre sobre los
sistemas alimentarios. En casi todos los países se ha
desmantelado la capacidad productiva nacional de alimentos,
sustituyendo una capacidad creciente para producir
agroexportaciones, estimulado por enormes subsidios al
agronegocio provenientes de los erarios.
Son los sectores campesinos y de agricultura familiar los
que alimentan a los pueblos del mundo; los grandes
productores tienen vocación de exportar. Pero a los
primeros se les han quitado los precios de garantía, los
paraestatales de comercialización, los créditos, la
asistencia técnica y, sobre todo, su mercado, inundado
primero por importaciones baratas, y una vez capturados
estos mercados nacionales por las empresas trasnacionales,
ahora reciben importaciones muy caras.
A la vez, el Banco Mundial y el FMI han obligado a los
gobiernos a deshacerse de las reservas de cereales en manos
del sector público, haciendo que en el mundo de hoy
tengamos uno de los márgenes más estrechos en la historia
reciente entre reservas y demanda, lo cual provoca el alza y
la volatilidad de los precios. O sea que los países casi no
tienen ya ni reservas ni capacidad productiva, y son
dependientes de las importaciones, que ahora suben de precio.
Otras causas de largo plazo, pero en menor escala, son los
cambios en los patrones de consumo en algunos países, como
la preferencia por carne por encima de dietas vegetarianas.
Entre las causas de corto plazo, la más importante es la
entrada repentina del capital financiero especulativo, los
llamados fondos de riesgo o hedge funds, en las bolsas de
los contratos a futuro de los cereales y otros alimentos,
los llamados commodities. Con el colapso de la burbuja
artificial del mercado inmobiliario de Estados Unidos, su ya
desesperada búsqueda de nuevas oportunidades de inversión
lo hizo descubrir estas bolsas de alimentos. Es atraído por
la volatilidad de cualquier mercado, ya que toma sus
ganancias tanto en las subidas como en las bajadas,
apostando como si fuera un casino. Apostando, pues, con la
comida de la gente. Estos fondos hasta ahora han inyectado
unos 70 mil millones de dólares extras a los precios de los
commodities, inflando una burbuja que coloca los alimentos
fuera del alcance de los pobres. Y cuando la burbuja entra
en su inevitable colapso, va a quebrar a millones de
agricultores del mundo entero.
Otro factor en el corto plazo ha sido el boom de los
agrocombustibles, que compiten por área de siembra con los
cultivos alimenticios y el ganado. En Filipinas, por ejemplo,
el gobierno ha firmado acuerdos que comprometen una área de
siembra para agrocombustibles equivalente a la mitad del área
sembrada de arroz, alimento principal de su población. Debe
ser considerado un crimen contra la humanidad alimentar a
coches en lugar de personas.
También, el alza mundial de los costos de los insumos
agroquímicos, como resultado del precio alto de petróleo,
es un factor contribuyente a corto plazo. Otros factores
recientes incluyen sequías en algunos países, y los
esfuerzos del sector privado reaccionario, conspirando con
la CIA y las trasnacionales, para exportar los alimentos de
Venezuela, Bolivia y Argentina, generando escasez artificial
como manera de desestabilizar sus gobiernos.
Frente a todo este panorama, y sus implicaciones futuras, se
destaca una sola propuesta que esté a la altura del reto.
Bajo la soberanía alimentaria los movimientos sociales, y
un número creciente de gobiernos progresistas o
semiprogresistas, proponen re-regular los mercados de
alimentos que fueron desregulados por el neoliberalismo. E
inclusive, regularlos mejor que antes, con una real gestión
de la oferta, haciendo posible encontrar precios que sean
justos tanto para los productores como para los
consumidores.
Esto significa volver a proteger la producción nacional de
los países, tanto contra el dumping de alimentos importados
con precios artificialmente baratos, que socava la producción
nacional, como de alimentos artificialmente caros, como
ahora. Significa reconstituir las reservas públicas de
cereales y las paraestatales de comercialización, ahora en
versiones mejoradas, con la participación fundamental de
las organizaciones campesinas en su gestión, quitando a las
trasnacionales el control sobre nuestra comida. También
incentivar la recuperación de la capacidad productiva
nacional, proveniente del sector campesino y familiar, por
medio de los presupuestos públicos, los precios de garantía,
los créditos y otros apoyos, y la reforma agraria genuina.
Urge la reforma agraria en muchos países para reconstruir
al sector campesino y familiar, cuya vocación es producir
alimentos, ya que el latifundio y el agronegocio suelen
producir sólo para coches y para la exportación. Y se
tienen que implementar controles, como han hecho algunos países
en los últimos días, contra la exportación forzosa de
alimentos que son requeridos por la población nacional.
Además, urge hacer un cambio de la actual tecnología en la
producción, hacia una agricultura basada en los principios
de la agroecología, sustentable, una producción agrícola
que parta del respeto y del equilibrio con las condiciones
naturales, la cultura local y los saberes tradicionales. Está
demostrado que los sistema de producción agroecológicos
pueden ser hasta más productivos, resisten mejor las sequías
y otros cambios climáticos, y que por su bajo uso de
recursos energéticos son más sustentables económicamente.
Porque ya no podemos tener el lujo de alimentos cuyos
precios estén vinculados al petróleo, ni mucho menos dañar
la productividad futura de los suelos por medio de la
agricultura industrial de grandes extensiones de
monocultivos mecanizados y llenos de venenos y transgénicos.
En fin, ya llegó la hora de La Vía Campesina y la soberanía
alimentaria. No hay más remedio para alimentar al mundo, y
nos corresponde a todos y todas movilizarnos en masa para
asegurar los cambios tan necesarios de políticas públicas
a escala nacional e internacional.
http://www.jornada.unam.mx/2008/05/09/index.php?section=opinion&article=025a1pol
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