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Tanques
llenos a costas de estómagos vacíos: la
expansión de la industria de la caña en América Latina
Nosotros,
representantes de entidades y movimiento sociales de Brasil,
Bolivia,
Costa Rica, Colombia, Guatemala y República Dominicana,
reunidos en un
seminario sobre la expansión de la industria de la caña en
América Latina,
constatamos que:
El actual
modelo de producción de bio-energía se fundamenta en los
mismos factores
que desde siempre causaron la opresión de nuestros pueblos:
apropiación
de la tierra, de los bienes naturales y de la fuerza de
trabajo.
Históricamente,
la industria de la caña sirvió de instrumento para el
sostenimient
del colonialismo en nuestros países y la estructuración de
las clases
dominantes que controlan hasta hoy grandes extensiones de
tierra, el proceso
industrial y la comercialización. Este sector se basa en el
latifundio,
en la superexplotación del trabajo (inclusive recurriendo al
trabajo
esclavo), y en la apropiación de recursos públicos. El
sector cañero se
estructuró mediante el monocultivo intensivo y extensivo,
provocando con ello
la concentración de la tierra, de la riqueza y del lucro.
La industria
de la caña fue una de las más importantes actividades
agrícolas desarrollada
en las colonias. Permitió que sectores que controlaban la
producción
y la comercialización, consiguieran acumular capital y con
eso se contribuyó
decisivamente para la estructuración del capitalismo europeo.
En América
Latina, la creación y control del Estado, desde el siglo XIX,
continuaron
al servicio de los intereses coloniales. Actualmente, el
control del
Estado por este sector se explica por el llamado
"capitalismo burocrático".
La industria de la caña definió la configuración política
de los
Estados nacionales y de las economías latinoamericanas.
En Brasil, a
partir de los años 70, cuando se dio la llamada "crisis"
mundial
del petróleo, la industria de la caña comenzó a producir
combustible,
lo que justificaría su sostenimiento y expansión. Lo mismo
ocurre
a partir del 2004, con el nuevo Programa Pro-Alcohol, que
sirve principalmente
para beneficiar al agronegocio. El gobierno brasileño
comienza
a estimular también la producción de biodiesel,
principalmente para garantizar
la sobrevivencia y la expansión de grandes extensiones de
monocultivo
de soya. Para legitimar esa política y disimular sus efectos
destructivos,
el gobierno estimula la producción diversificada de biodiesel
por
pequeños productores, con el objetivo de darle una apariencia
socialmente
aceptable a esta actividad. El monocultivo también se ha
expandido
en regiones indígenas y en otros territorios de pueblos
originarios.
En febrero de
2007, el gobierno estadounidense anunció su interés en
establedcer
una alianza con Brasil para la producción de biocombustibles,
que
sería el principal "eje simbólico" de la relación
entre ambos países.
Esa es
claramente una faceta de la estrategia geopolítca
norteamericana, para
debilitar la influencia de países como Venezuela y Bolivia en
la región.
También justifica la expansión del monocultivo de caña,
soya y palma africana
en todo el territorio latinoamericano.
Aprovechándose
de la legítima preocupación de la opinión pública
internacional
con el calentamiento global, grandes empresas agrícolas, de
biotecnología,
petroleras y automotrices, perciben que los biocombustibles
representan
una fuente importante de acumulación de capital.
La biomasa es
presentada falazmente como una nueva matriz energética, cuyo
principio
es la energía renovable. Pero sabemos que la biomasa no
podrá realmente
sustituir a los combustibles fósiles y que tampoco es
renovable.
Algunas
características inherentes de la industria de la caña son la
destrucción
del medio ambiente y la superexplotación del trabajo. Utiliza
principalmente
mano de obra inmigrante. Por lo tanto, estimula procesos de
migración,
haciendo a los trabajadores más vulnerables y dificultando
todavía
más su organización. El duro trabajo en el corte de la caña
ha causado
la muerte de centenas de trabajadores.
Las mujeres
trabajadoras en el corte de la caña son todavía más
explotadas, pues
reciben salarios más bajos o, en algunos países como Costa
Rica, no reciben
su salario directamente: el pago de su salario lo recibe su
marido o compañero.
Es común también la práctica del trabajo infantil en toda
América Latina,
así como la explotación de jóvenes como principal mano de
obra para la
agotadora zafra.
Los
trabajadores no tienen ningún control sobre el peso real de
su producción
y consecuentemente de su salario, pues son remunerados por
cantidad
de caña cortada y no por horas trabajadas. Esta situación
tiene serios
efecto para la salud y es asimismo causa de muerte de muchos
trabajadores
por fatiga, debido al trabajo excesivo que demanda el corte de
hasta
20 toneladas de caña por día. La mayoría de las
contrataciones se realiza
por intermediarios, eso dificulta la posibilidad de
reivindicación de
los derechos laborales, pues no existe un contrato formal de
trabajo. La figura
del empleador se diluye en este proceso, que niega la
existencia misma
de la relación de trabajo.
El Estado
brasileño estimula la utilización de tierras de los
asentamientos de
reforma agraria y de pequeños agricultores, que actualmente
son responsables
por el 70% de la producción de alimentos, para producir
biocombustibles,
comprometiendo de esa forma la soberanía alimentaria.
Por lo tanto,
asumimos el compromiso de:
Ampliar y
fortalecer las luchas de los movimientos sociales en América
Latina
y en el Caribe, por medio de una articulación entre las
organizaciones
de trabajadores existentes y las entidades de apoyo.
Denunciar y
combatir el modelo agrícola basado en el monocultivo
concentrador
de tierra y riqueza, depredador del medio ambiente,
responsable por
el trabajo esclavo y la superexplotación de la mano de obra.
La superación
del actual modelo agrícola pasa por la realización de una
Reforma Agraria
amplia, que elimine el latifundio.
Fortalecer a
las organizaciones de trabajadores rurales, asalariados y
campesinos,
para construir un nuevo modelo cimentado en la agricultura
campesina
y en la agroecología, con producción diversificada,
priorizando el consumo
interno. Es necesario luchar por políticas de subsidios para
la producción
de alimento. Nuestro principal objetivo es garantizar la
soberanía
alimentaria, ya que la expansión de la producción de
biocombustibles
agrava la situación de hambre que padece el mundo. No
podemos
mantener los tanques llenos y los estómagos vacíos.
San Pablo, 28
de febrero de 2007
Comissão
Pastoral da Terra (CPT)
Grito dos
Excluídos
Movimento Sem
Terra (MST)
Serviço
Pastoral dos Migrantes (SPM)
Rede Social
de Justiça e Direitos Humanos
Via Campesina
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